sábado, 30 de mayo de 2009

"He venido para curarte"




El 12 de mayo de este 2009 publicamos una nota lamentable acerca del accidente que padecieron 24 hermanos nuestros del Distrito Amatán I, en la Asociación del Norte de Chiapas. Esa vez dijimos que había algunos que estaban muy lastimados que estaban en espera de atención médica especializada debido a los traumatismos que sufrieron. Ésta es la historia de la recuperación de Simón, uno de los jóvenes que estaba en muy grave estado en el hospital.

Simón fue uno de los que se aventó de la camioneta cuando ésta se quedó sin frenos en la carretera. Al caer al pavimento, Simón se golpeó fuertemente su cabeza haciéndose una seria lesión en el cráneo. Por algún tiempo estuvo inconsciente, como en estado de coma, pero luego recuperó el sentido. No obstante, el muchacho seguía mal y los médicos tenían que operarlo, a decir de lo que revelaban los estudios de tomografía.

Estando acostado en la cama del hospital y mientras recibía suero vía intravenosa, Simón vio que por el espacio inferior de la puerta cerrada de su cuarto salía un humo espeso. Luego, ese humo se convirtió en la figura de una persona que miraba hacia él trayendo una jeringa de inyectar en su mano. Ese ser se dirigió a Simón y le dijo: "Yo no soy Jesús, pero he venido para curarte". Y luego agregó, "pero antes debes decirme en nombre de quién fuiste bautizado". Simón le contestó, "fui bautizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo". A esto, la figura le contestó, "Bien. Entonces, te voy a inyectar".

La madre de Simón se hallaba ahí en el cuarto, pero estaba totalmente ajena a todo lo que estaba sucediendo. Sin embargo, vio cómo Simón se hacía de lado como para recibir una inyección. Sin tener cuidado, al voltearse Simón se lastimó la mano con la aguja del suero que estaba recibiendo. Entonces, la mamá salió a ver a las enfermeras para que vinieran a asistirlo. Vino una enfermera y lo compuso. Entonces ella comentó, "te voy a inyectar un medicamento". Pero al voltearse Simón, la enfermera vio que ya había recibido una inyección.

"A ti ya te inyectaron", dijo la enfermera, "¿quién vino?" Y la mamá dijo, "nadie vino". Al ser así, la enfermera contestó, "bueno, pues se la voy a poner en la otra", y procedió a inyectarlo. La enfermera vio claramente que los dos puntitos eran idénticos. Realmente había dos inyecciones en el cuerpo de Simón. Ella no supo que el ángel lo había inyectado primero.

Al otro día, le practicaron a Simón otra tomografía porque su estado era considerado grave. Cuál no fue la sorpresa de los médicos al encontrar el cerebro de Simón completamente sano. Muy pronto después de eso, le dieron de alta del hospital. Simón, por su parte, da testimonio de que Dios lo sanó y cuenta que, al estar en el hospital muy grave, en un rato de lucidez le dijo a su madre: "Mamá, yo estoy tranquilo. Sé que si vivo será para la gloria de Dios, y si muero, también será para la gloria de Dios". El Señor escogió la primera opción. Hoy Simón vive para la gloria de Dios.

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